Envejecimiento. Miedo a envejecer

Hola de nuevo a los lectores asiduos y nuevo hola para los que se estrenan.

Si, lo sé. Este tema no es nuevo. Desde hace miles de años un deseo humano  muy común es ser eternamente joven o la inmortalidad. De hecho, muchas mujeres y cada vez más hombres combaten con tenacidad los signos de la edad como arrugas, manchas en la piel, canas, flacidez… Pero no solamente por el deseo de estar “en forma”, sino también por una necesidad de que no se note que nos hacemos mayores. Cuando envejecer se vuelve un temor irracional, injustificado y persistente, se le da el nombre de gerascofobia.

No se debe confundir con la  geronto-fobia. Ésta última es el miedo a los ancianos y también el desprecio o el rechazo hacia las personas mayores, porque se las identifica con la decadencia y la enfermedad. Si bien es cierto que las personas que padecen gerascofobia suelen sufrir otras fobias y manías asociadas a su patología, entre las que, a menudo, está la gerontofobia.

Tampoco es lo mismo que el “Síndrome de Peter Pan”. Se diferencian en que este último afecta principalmente al desarrollo de la personalidad y, por tanto, la persona afectada actúa de manera irresponsable, negándose a asumir el paso del tiempo y evitando desempeñar un rol de adulto.

Este problema es independiente del sexo, y lo pueden padecer  hombres y mujeres. Suele coincidir con la andropausia y la menopausia, con la jubilación y con  el “nido vacío”. Aunque puede producirse muchísimo antes. Se generan inseguridades, comparaciones inadecuadas con otras personas o con un@ mismo@ en el pasado, expectativas frustradas, sentimientos de pérdida, ocultación obsesiva de la edad, negación de la propia edad…Todo esto suele desembocar en cambios tales como modernizar la ropa, incluso uso de ropa juvenil muy discordante o inapropiada, inscribirse en un gimnasio, intentar conquistar  parejas más jóvenes o realizar algún deporte de riesgo y  fuerte deseo de recuperar la belleza, la fuerza y el aspecto físico de antaño incluso con obsesión por las operaciones estéticas,  comportamientos infantiles inapropiados y el uso excesivo de cremas bronceadoras, tintes para el cabello, extensiones o prótesis capilares.

Otros  síntomas son la ansiedad, el miedo y continuos pensamientos negativos y catastrofistas que llevan al individuo a temer el futuro. Además, es muy común  el miedo a estar solo durante los últimos años de nuestra vida. En los casos más extremos de la fobia a envejecer, los pensamientos irracionales pueden verse acompañados de sudoración, temblores, taquicardias, dificultad para respirar, opresión en el pecho, sequedad de boca, dolor de cabeza…

Este problema del que nos ocupamos hoy, tiene varias causas e influencias en su aparición y gravedad. Los medios de comunicación, la industria antienvejecimiento, la personalidad de cada uno, el miedo a los cambios, a la enfermedad y a la muerte, a la soledad,…

La presión social a veces es muy intensa en ocasiones se juzga a las personas en mucha mayor medida por su aspecto físico que por su capacidad. Esta obsesión por estar joven y perfecto nos puede llevar a tratar de detener el proceso vital gastándonos enormes cantidades de dinero en tratamientos de todo tipo, no siempre avalados por estudios científicos e incluso que pueden causar serios riesgos para nuestra salud.

Vivimos en una sociedad  influida por   los medios de comunicación y las industrias de la cosmética y la estética. Se impone unos estereotipos ligados a la imagen de juventud y los cánones de belleza están sobrevalorados. Nos avasallan con caras y milagrosas cremas anti-arrugas, tintes para el pelo, cirugías estéticas, etc. Todo bien condimentado con ropas y actitudes juveniles de lo más desenfadadas. Es la exaltación de la juventud. La vejez se esconde. No debemos olvidar que detrás de todo esto hay un importante interés comercial. La industria de productos dirigidos a retrasar los signos del envejecimiento es tremendamente lucrativa, de ahí que se nos inculque constantemente la idea de que necesitamos  parecer más jóvenes.

Solo con  fijarnos en las cifras nos damos cuenta que cada año aumentan el número de operaciones estéticas, sobre todo, de mujeres con edades comprendidas entre 40 y 54 años. Pero no vamos a olvidar que  los ‘retoques’ estéticos son cada vez más habituales entre los hombres que progresivamente  también han caído en las redes  de la manipulación comercial sobre la imagen y la juventud. Vamos “avanzando”  y ya operamos nuestros genitales para recuperar la virginidad, evitar la flacidez de la vulva o el escroto, blanqueamos el ano, quitamos costillas para reducir cintura, estimulamos el tiroides para adelgazar,…. Y mucho más. ¿Necesario?, ¿Peligroso?

La gerascofobia está muy relacionada con determinados rasgos de la personalidadQuienes tienen tendencia a la exageración o a la sobrevaloración de sus cualidades, narcisistas, y los que tienden a la exageración,  son más proclives a padecer esta fobia porque les cuesta más sobrellevar la pérdida de la belleza física y la juventud.

Está claro que con la edad se producen una serie de cambios físicos como la aparición de las primeras arrugas, canas, flacidez de la piel, reducción de masa muscular…. Es precisamente en ese momento cuando puede comenzar a desarrollarse la preocupación excesiva o miedo a los cambios. Otras veces simplemente surge cuando nos cruzamos con un adolescente que se dirige a nosotros como “señor” o “señora”, o al mirar fotos antiguas y apenas reconocernos en ellas.Envejecer nos atemoriza porque asociamos el envejecimiento con estar solos, es decir, en nuestra mente aparecen imágenes desoladoras donde nos vemos solos y abandonados. Tememos no ser útiles y activos.

Al cumplir años, aumenta nuestro miedo a la enfermedad. Las limitaciones propias de la edad pueden causarnos malestar, pero no son enfermedades en sí mismas. Tener que caminar lento, usar un audífono o tener la tensión alta no significa estar enfermo. Y es cierto que con la edad perdemos una serie de facultades físicas y nuestro estado de salud se vuelve más frágil y vulnerable. Pero no olvidemos que las personas jóvenes pueden padecer enfermedades. Ocurren a cualquier edad.

A partir de los 60 años, es frecuente que surja miedo a la muerte. La sentimos más próxima. Conocidos y amigos ha madurado y ya hemos vivido algún período de duelo debido a pérdida de algunos de ellos. Esto nos llena de inquietud. Pero sobre todo, en el fondo, lo que nos da más miedo es que hayan pasado los “mejores años de nuestra vida”, quizás sin haber cumplido nuestros sueños o metasEnvejecer forma parte del proceso natural de la vida y, con frecuencia, ciertos mitos y prejuicios hacen que veamos la vejez como una etapa muy negativa de la vida.

Nos encontramos con deseos contrapuestos: por un lado, no queremos morir jóvenes; y por otro, nos da miedo volvernos viejos. En el siguiente blog vamos a proponernos saber envejecer, que es la mejor forma de vivir mucho tiempo. Como siempre, un abrazo de 20 segundos para cada lector/a

Angela Carrera Camuesco
Psicóloga Especialista en Psicología Clínica
Directora de CIPSA
| Centro Interdisciplinar de Psicología y Salud |

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Compra, compra, compra y… ¿¡¿¡Se feliz!?!?

Hola de nuevo a los lectores asiduos y nuevo hola para los que se estrenan.  Ya es época de REBAJAS. En un mundo materialista, consumir más de lo necesario no se asocia a un problema, más bien con un éxito social, prestigio y felicidad.  La mayoría de las personas en alguna medida, disfrutamos  comprando. Parece ser un pasatiempo normal y en ciertos momentos como en época de rebajas, adquirimos más cosas, gastamos más dinero, que en algunos casos está fuera de nuestras posibilidades.  Si un amig@ nos dice que cada día va al bingo o que toma una botella de Vodka cada noche  nos alertaríamos sobre  una  posible adicción. Pero si nos cuentan que se ha comprado 4 pares de zapatos ayer y hoy 3 abrigos en una tienda online y que mañana va a ir por el centro a ver si encuentra más cosas… quizás no nos alertemos e incluso pueda producirnos has un poco de envidia. 

Si comprar no supone un deterioro,  podría no ser un problema, pero comienza a serlo cuando se convierte en  una COMPRA COMPULSIVA, un impulso irresistible de comprar sobre todo  artículos innecesarios y/o, frecuentes compras de más de lo que uno puede permitirse, provocando después,  malestar, arrepentimiento, culpabilidad y percepción de ausencia de autocontrol.  Se  convierte en una forma de vida y acaba afectando a la economía (deudas, quiebra), a la vida familiar, social e incluso a nivel  legal (embargos...) y nos acaba arruinando la vida.  Va asociada con ciertas emociones y rasgos psicológicos  como: aburrimiento, ansiedad, impulsividad, baja autoestima, comportamiento caprichoso,  soledad, insatisfacción personal, falta de alicientes diferentes al consumo

Es un trastorno del control de los impulsos pero también es considerado como una adicción, que padece un  7% de la población española  y de ellos 8 de cada 10 son mujeres. No son datos para tomarlos a la ligera. La línea entre lo “normal” y lo patológico es muy difusa. Pero veamos algunas señales de alarma.

  • Sentirse triste, deprimid@ o enfadad@... y lo único que calma a la persona es ir de compras.
  • Comprar con frecuencia cosas poco útiles para después sentir arrepentimiento por haberlas adquirido.
  • Tener la casa llena de artículos que no se han usado y que resultan inservibles.
  • Precipitarse a la hora de comprar.
  • Comentarios críticos sobre la propia afición a comprar, por parte de familia y amistades.
  • Cuando a pesar de haber comprado muchas cosas o haber realizado un gran gasto, la persona se siente insatisfecha al reflexionar sobre lo adquirido.
  • Sensación de que se va el dinero sin darse cuenta.
  • Cuando se ve algo que ha gustado, no parar hasta comprarlo.
  • Cuando tras ver el extracto de la tarjeta de crédito, sorprende sobremanera la cantidad de compras y el dinero gastado.
  • Dedicar el tiempo libre preferentemente a visitar los centros comerciales o a ir de tiendas.

En el siguiente blog os daré algunas claves para no caer en la adicción al shopping. Hasta entonces qué os parece si hacemos una reflexión autocrítica y una observación de lo que ocurre dentro de nosotros y a nuestro alrededor. Como siempre, un abrazo de 20 segundos para cada lector/a

Angela Carrera Camuesco
Psicóloga Especialista en Psicología Clínica
Directora de CIPSA
| Centro Interdisciplinar de Psicología y Salud |

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Violencia de Género y Menores

La Organización de Naciones Unidas para la Protección a la Infancia, UNICEF, considera la exposición a la violencia de género como una forma grave de maltrato infantil que puede provocar en el/ la menor unas secuelas irreversibles. Además la Convención Internacional de los Derechos del Niño, ratificada por España, recoge en el artículo 19 esta forma de violencia como “violencia mental”. Desgraciadamente los menores no son meros testigos de la violencia del padre maltratador, sino víctimas directas porque padecen como mínimo y de forma grave las secuelas psicológicas de estar o haber estado expuestos a dicha experiencia violenta.

Viven o han vivido en un escenario de miedo e intimidación y es muy probable que hayan presenciado agresiones hacia su madre o escuchado impotentes los gritos, insultos o humillaciones a las que era sometida. Han sentido el miedo en el ambiente, el control al que su madre era sometida por su padre, y a veces resultaron heridos/as por intentar protegerla. Su principal sentimiento hacia su padre es el miedo.

No hay que olvidar además que según UNICEF los hijos/as de las mujeres que sufren malos tratos tienen 15 veces más posibilidades de sufrir agresiones físicas y psicológicas directas por parte del padre, incluidos abusos sexuales. Es por tanto muy probable que el padre ejerza también su violencia directamente sobre los hijos e hijas. (UNICEF. “Behind the Closed Doors. The Impact of Domestic Violence on Children”. 2006)

Es por ello fundamental tener claro como punto de partida que los/as menores no son meros espectadores de esta situación violenta y que las secuelas que les deja esta experiencia traumática pueden llegar a influir muy negativamente en su desarrollo psicoafectivo e incluso físico. Esto hace necesario que sean tratados por nuestro sistema de protección social, sanitario y jurídico como víctimas.

De hecho desde 2004 y a través de la ley orgánica 1/2004, de 28 de diciembre, de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género, nuestro ordenamiento jurídico reconoce a estos/as menores como víctimas de la violencia del maltratador. Además, esta Ley reconoce su derecho a una asistencia social integral y a una atención especializada.

No podemos olvidar que lo habitual es que tras la separación, el padre maltratador continúa su dinámica violenta hacia los hijos/as durante el régimen de visitas o la custodia como arma contra la madre con el fin de perpetuar el control sobre ella.    Hasta el 60% de los padres separados violentos mantiene un alto nivel de conflicto y de abuso hacia su expareja durante el contacto que suponen las visitas con los hijos.

Especialmente la violencia psicológica se prolonga indefinidamente a través de estas visitas, sobre todo en la recogida y entrega de los hijos, y se escenifica a través de amenazas o utilizando las visitas como medio para mantener el contacto con su expareja, lo que genera en los/as hijos/as una reexperimentación del trauma.

Dr. Carlos San Martín Blanco
Doctor en Medicina. Sexólogo.
Psicoterapeuta.
Experto en Violencia de Género
Coordinador de CIPSA
Académico Permanente y Secretario General de la Academia Española de Sexología y Medicina Sexual