La visita del Papa

Hola de nuevo a los lectores habituales y bienvenida a quienes os incorporáis por primera vez. Este post está elaborado por el equipo del Departamento de Psicología Clínica de CIPSA. La reciente visita del Papa a España ha vuelto a situar en el centro del debate una cuestión que trasciende lo estrictamente religioso: ¿por qué tantas personas jóvenes están regresando al catolicismo? ¿Qué encuentran en movimientos como Hakuna, Effetá y otras iniciativas de renovación espiritual que parecen conectar especialmente con nuevas generaciones? Desde la Psicología, este fenómeno resulta especialmente interesante porque aparece en un contexto social marcado por la incertidumbre, la aceleración de los cambios y una creciente sensación de soledad. Durante décadas se asumió que la secularización avanzaría de forma continua y que la religión ocuparía un lugar cada vez más marginal en las sociedades occidentales. Sin embargo, la realidad suele ser más compleja que las predicciones. Muchos jóvenes que participan en estos movimientos no proceden necesariamente de familias especialmente religiosas. Algunos incluso se habían alejado de la práctica católica o nunca habían tenido una vinculación significativa con ella. Entonces, ¿qué les atrae? Una de las claves parece encontrarse en la necesidad humana de pertenencia. El ser humano es un ser social y necesita sentirse parte de algo más grande que sí mismo. En una época donde las relaciones son cada vez más digitales, líquidas y, en ocasiones, superficiales, propuestas como Hakuna o Effetá ofrecen comunidad, vínculos personales estables y espacios de encuentro cara a cara. Otro factor relevante es la búsqueda de sentido. La Psicología lleva décadas estudiando cómo las personas necesitan encontrar un propósito que dé coherencia a sus vidas. Cuando las metas exclusivamente materiales o profesionales no son suficientes para responder a preguntas existenciales profundas, algunas personas exploran caminos espirituales. Para muchos participantes, estos movimientos ofrecen precisamente un marco para reflexionar sobre quiénes son, qué valores desean vivir y qué significado quieren dar a su experiencia vital. También encontramos un elemento emocional importante. Los testimonios de quienes participan en retiros como Effetá suelen incluir experiencias de acogida, escucha, perdón y reconciliación. Independientemente de las creencias concretas de cada persona, sabemos que sentirse aceptado, comprendido y acompañado tiene efectos psicológicos positivos. La sensación de ser visto y valorado por otros constituye una necesidad humana básica. No obstante, sería simplista explicar este fenómeno únicamente desde variables psicológicas. La fe implica una dimensión personal y trascendente que cada individuo interpreta de manera diferente. La Psicología puede ayudar a comprender algunos mecanismos humanos implicados, pero no puede confirmar ni negar las creencias religiosas. Su función es analizar cómo estas experiencias influyen en la conducta, las emociones y las relaciones. Por otro lado, conviene evitar tanto la idealización como el prejuicio. Ni todas las personas encuentran respuestas en la religión, ni quienes se acercan a ella lo hacen por debilidad, necesidad emocional o falta de pensamiento crítico. Del mismo modo, tampoco toda experiencia religiosa resulta necesariamente positiva para todas las personas. Como ocurre con cualquier grupo humano, la experiencia dependerá de múltiples factores personales y contextuales. Quizá una de las enseñanzas más interesantes de este renovado interés por el catolicismo sea recordar que las necesidades humanas fundamentales apenas han cambiado: necesitamos sentido, pertenencia, esperanza, vínculos significativos y espacios donde compartir nuestras preguntas más profundas. Las formas en las que cada persona busca satisfacer esas necesidades pueden ser muy distintas, pero la búsqueda sigue siendo universal. La visita del Papa ha servido para visibilizar una realidad que ya estaba presente: para algunos jóvenes, la fe católica está dejando de percibirse únicamente como una tradición heredada y comienza a ser vivida como una elección personal. Comprender este fenómeno exige ir más allá de estereotipos y observarlo con curiosidad, respeto y rigor. Como siempre un abrazo de 20 segundos para cada lector/a Ángela Carrera CamuescoEspecialista en Psicología ClínicaDirectora de CIPSA

Neurociencia del Estudio

Hola de nuevo a los lectores habituales y bienvenida a quienes os incorporáis por primera vez. Este post está elaborado por Jorge González de Riancho, del equipo del Área de Psicología Clínica de CIPSA. Por qué descansar es el secreto para aprender más y mejor. A menudo asociamos el éxito académico o profesional con las horas que pasamos pegados a los libros o a la pantalla. Existe la falsa creencia de que, cuanto más tiempo seguido estudiemos, más información procesará nuestro cerebro. Sin embargo, la neurociencia demuestra lo contrario. Para consolidar el conocimiento y evitar el agotamiento, el descanso es una parte biológica fundamental del proceso de aprendizaje. 1. La Red Neuronal por Defecto el cerebro trabaja cuando no estamos estudiando. Cuando desconectas y dejas que tu mente divague, tu cerebro no se apaga. Al contrario, activa un conjunto de regiones interconectadas que incluye la corteza frontal medial, la corteza prefrontal medial, la corteza cingulada posterior, el precúneo, el lóbulo parietal inferior y la circunvolución temporal conocido como la Red Neuronal por Defecto (RND). Mientras estudias de forma focalizada, esta red permanece inhibida. Pero en el momento en que retiras la atención de la tarea, la RND entra en acción. Su función principal en el aprendizaje es conectar con el hipocampo para trasladar la información reciente hacia la memoria a largo plazo. En decir, la consolidación de lo que acabas de leer ocurre, precisamente, cuando dejas de mirar los apuntes. 2.  Saturación sináptica: el origen de la fatiga cognitiva Mantener la atención en el estudio genera una actividad eléctrica y química enorme en tus neuronas. Con el paso de las horas, se produce lo que los neurocientíficos denominan ´saturación sináptica´. Tus neuronas ya no dan abasto y aparece la fatiga cognitiva, esa sensación de saturación en la que lees la misma línea tres veces y no logras enterarte de nada. El descanso actúa como un sistema de limpieza que equilibra esta saturación y recarga los recursos del cerebro. 3.  El poder de los efectos de primacía y recencia La memoria humana es selectiva con el orden cronológico. La psicología cognitiva ha demostrado que recordamos con mayor facilidad la primera información que procesamos (efecto de primacía) y la última (efecto de recencia). Lo que queda en el medio tiende a olvidarse más fácil Dividir el estudio en bloques de 40-50 minutos, ademá de ser un tiempo óptimo para poder mantener la atención sin dificultades, permite experimentar más veces los fenómenos de primacía y recencia (maximizando la información que se favorece de estos) en comparación a estudiar en bloques de 2 horas. No todos los descansos son iguales: qué hacer y qué evitar Sabiendo que el descanso es fundamental, la pregunta que debemos hacernos es  ¿cómo debemos descansar? La neurociencia nos da respuestas muy claras sobre qué beneficia y que perjudica tu descanso. El gran error: mirar el móvil en las pausas El gesto automático de coger el teléfono para revisar redes sociales durante un descanso es perjudicial para tu rendimiento. El scroll infinito y los estímulos visuales constantes exigen atención focalizada, lo que impide la activación de la Red Neuronal por Defecto. El cerebro percibe esto como más trabajo, cronificando la saturación cognitiva. Además, muchas aplicaciones están diseñadas para provocar picos artificiales de dopamina. Al regresar a los apuntes (un estímulo mucho menos gratificante a corto plazo), el cerebro experimenta un déficit de dopamina. Esta caída química es responsable de la frustración y la procrastinación previas a la vuelta del estudio. El aliado perfecto: caminar y moverse Al caminar, el movimiento físico eleva el gasto cardíaco de forma moderada, incrementando de inmediato el flujo sanguíneo cerebral. Esto se traduce en un mayor aporte de oxígeno y glucosa al cerebro reponiendo los recursos que habías agotado al estudiar. Dado que caminar de forma relajada no requiere una atención focalizada, permites que la Red Neuronal por Defecto se encienda y haga su trabajo de memorización mientras tú cambias de ambiente.  En conclusión… Estudiar mejor no es cuestión de resistencia, sino de estrategia. Si quieres optimizar tu rendimiento y cuidar tu salud mental, empieza a planificar tus descansos con el mismo rigor que tus horas de estudio. Tu cerebro te lo agradecerá transformando el esfuerzo en conocimiento real y duradero. Nos despedimos, como siempre, recordando la importancia de los pequeños gestos: un abrazo de 20 segundos puede marcar la diferencia. Ángela Carrera CamuescoEspecialista en Psicología ClínicaDirectora de CIPSA Imágenes: Created by Pexels ~ Tima Miroshnichenko •  Pexels

El ascenso del Racing de Santander: emociones colectivas, identidad y salud psicológica en el fútbol

Hola de nuevo a los lectores asiduos y nuevo hola para los que se estrenan. El post está a cargo de los psicólogos del Departamento de Psicología Clínica de CIPSA (Carlos Antolín, Carmen Boluda, Jorge González-Riancho, María Ibáñez, Natalia Bueno y Sara Montero). Desde la psicología, este fenómeno permite comprender cómo los éxitos deportivos pueden influir en el estado emocional colectivo, fortalecer vínculos sociales y favorecer la sensación de unión entre personas muy diferentes entre sí. El fútbol como fenómeno emocional Los equipos de fútbol funcionan como símbolos sociales. Los aficionados no solo apoyan a un club por sus resultados, sino porque se identifican con su historia, sus valores y su territorio. El sentimiento de pertenencia responde a una necesidad humana básica: sentirnos parte de algo compartido. En el caso del Racing, el ascenso significó mucho más que una mejora deportiva. Fue vivido como una recuperación del orgullo colectivo tras años difíciles. El deporte permitió canalizar emociones compartidas y reforzar la conexión entre personas que, aunque distintas en edad, ideología o forma de vida, se sintieron unidas por una misma identidad. Además, el fútbol tiene la capacidad de superar ciertas barreras sociales y de comunicación. En contextos como una celebración deportiva, muchas personas dejan a un lado la vergüenza, las diferencias personales o incluso determinados prejuicios para compartir emociones, conversaciones y experiencias comunes. El sentimiento colectivo facilita la cercanía y la conexión emocional entre desconocidos. Entre las emociones más frecuentes durante el ascenso destacaron: La alegría fue la emoción predominante, ya que muchas personas vivieron el logro como un momento de felicidad colectiva después de años de incertidumbre. A ello se sumó la euforia reflejada en celebraciones masivas, abrazos, cánticos y expresiones espontáneas de entusiasmo. También apareció un fuerte sentimiento de alivio, especialmente entre quienes acumulaban temporadas de frustración y temor a no recuperar el lugar histórico del club. El ascenso devolvió además esperanza e ilusión sobre el futuro del equipo. Desde la psicología emocional, estas respuestas pueden entenderse como emociones colectivas, es decir, sentimientos compartidos por un grupo social ante un acontecimiento significativo. Identidad social y sentimiento de pertenencia La teoría de la identidad social, explica que las personas construyen parte de su autoestima a través de los grupos con los que se identifican. Cuando el grupo obtiene éxito, sus miembros también experimentan una sensación de logro personal. Por ello, el ascenso del Racing no solo afectó al club, sino también a la percepción que muchos aficionados tenían de sí mismos y de su comunidad. Expresiones como “hemos vuelto” o “lo conseguimos” muestran cómo los seguidores integran emocionalmente los logros del equipo dentro de su propia identidad. Este tipo de acontecimientos también fortalecen la cohesión social. Durante las celebraciones, personas de diferentes edades, profesiones, ideologías o clases sociales compartieron emociones y experiencias comunes. El fútbol actuó como un punto de encuentro emocional capaz de generar unión y sentimiento de comunidad. El impacto psicológico de las emociones colectivas Las emociones compartidas tienen efectos importantes sobre el bienestar psicológico. Diversos estudios muestran que la vivencia de acontecimientos deportivos puede asociarse con: En el caso del Racing, muchas personas vivieron el ascenso como una recompensa emocional después de años de sufrimiento deportivo. La memoria de las etapas difíciles intensificó todavía más la felicidad del momento. Además, las celebraciones deportivas generan experiencias compartidas que trascienden incluso a quienes normalmente no siguen el fútbol. El ambiente social y la emoción colectiva hacen que muchas personas se sientan implicadas emocionalmente en estos acontecimientos. No obstante, la psicología también señala que una identificación excesiva con un equipo puede generar frustración, ansiedad o tristeza cuando los resultados son negativos, lo que demuestra la gran influencia emocional que el deporte puede tener en la vida cotidiana. La importancia de la memoria emocional Otro aspecto relevante es la memoria emocional asociada al club. Para muchos aficionados, el Racing forma parte de recuerdos familiares, de la infancia y de experiencias personales importantes. El ascenso no solo celebró un éxito presente, sino también la recuperación de emociones ligadas al pasado. Padres e hijos celebrando juntos, aficionados emocionados en el estadio o personas recordando épocas anteriores del club reflejan cómo el deporte conecta emociones individuales con recuerdos colectivos. Además, estos acontecimientos fortalecen los vínculos intergeneracionales. Muchas familias transmiten la afición como parte de su identidad familiar, convirtiendo al club en un elemento emocional compartido entre distintas generaciones. El ascenso del Racing de Santander demuestra que el fútbol va mucho más allá del deporte, generando unión, identidad y emociones compartidas. Vivido de forma sana, el sentimiento de pertenencia puede convertirse en una importante fuente de apoyo emocional y cohesión social Como siempre un abrazo de 20 segundos para cada lector/a. Ángela Carrera CamuescoEspecialista en Ps. ClínicaDirectora de CIPSA

El duelo migratorio: entender lo que se siente al dejar un país

Hola de nuevo a los lectores asiduos y nuevo hola para los que se estrenan. El post está a cargo de los psicólogos del Departamento de Psicología Clínica de CIPSA (Carlos Antolín, Carmen Boluda, Jorge González-Riancho, María Ibáñez, Natalia Bueno y Sara Montero). Migrar no es sólo cambiar de lugar; es también dejar atrás una parte importante de la vida. Aunque muchas personas se trasladan en busca de mejores oportunidades, este proceso conlleva una experiencia emocional compleja conocida como duelo migratorio. ¿Qué es el duelo migratorio? El duelo migratorio es el proceso psicológico y emocional que atraviesa una persona al abandonar su país de origen. Supone adaptarse a una nueva cultura, entorno y estilo de vida, mientras se experimenta la pérdida de elementos significativos de la vida anterior. A diferencia de otros duelos (como la pérdida de un ser querido), este no implica una desaparición definitiva, sino una separación parcial y múltiple. Según investigaciones, este proceso abarca múltiples pérdidas simultáneas, como: La familia y amigos. La lengua materna. La cultura y costumbres. El lugar de origen. El estatus social. El sentido de pertenencia. La seguridad o estabilidad previa. Por ello, se considera un proceso de adaptación emocional y psicológica, que evoluciona con el tiempo. ¿Cuánto dura el duelo migratorio? No existe una duración exacta para el duelo migratorio. Su duración depende de múltiples factores, como: La edad de la persona. Las razones para migrar (voluntarias o forzadas). El nivel de apoyo social. La facilidad de adaptación al nuevo entorno. La situación emocional previa En algunos casos, puede durar meses, mientras que en otros puede extenderse durante años. Incluso hay aspectos del duelo que pueden reaparecer en momentos concretos, como fechas importantes o visitas al país de origen. Es importante entender que no es un proceso lineal: hay avances, retrocesos y momentos de mayor o menor intensidad. Fases del duelo migratorio Aunque cada persona lo vive de manera diferente, se suelen identificar varias fases: 1. Fase de entusiasmo o “luna de miel”. Al inicio, predomina la ilusión por el cambio, las nuevas oportunidades y la experiencia de descubrir un entorno diferente. 2. Fase de choque cultural. Aparecen las primeras dificultades: diferencias culturales, idioma, normas sociales o sensación de no encajar. Puede surgir frustración o desorientación. 3. Fase de tristeza o duelo. Se toma mayor conciencia de lo que se ha dejado atrás. Es frecuente sentir nostalgia, soledad o añoranza. 4. Fase de adaptación. La persona comienza a desarrollar estrategias para integrarse: crea nuevas relaciones, se familiariza con el entorno y gana autonomía. 5. Fase de integración. Se logra un equilibrio entre la cultura de origen y la nueva. La persona ya no siente que debe elegir entre ambas, sino que integra elementos de las dos. ¿Cómo se manifiesta el duelo migratorio? El duelo migratorio puede expresarse de diferentes maneras, tanto a nivel emocional como físico y social. En algunos casos, si el proceso se vuelve muy intenso o prolongado, puede derivar en problemas más serios como estrés, ansiedad o depresión. En estos casos podría ser recomendable una ayuda especializada. Como siempre un abrazo de 20 segundos para cada lector/a. Ángela Carrera CamuescoEspecialista en Ps. ClínicaDirectora de CIPSA Imágenes: Created by Pexels •  Pexels

Cuando el filtro te cambia más que la vida: dismorfia corporal en tiempos de redes sociales

Hola de nuevo a los lectores asiduos y nuevo hola para los que se estrenan. El post está a cargo de las psicólogas del Departamento de Psicología Clínica de CIPSA. Seguro que más de una vez te has hecho una foto, te has puesto un filtro “suavecito” y has pensado: “Oye, pues así me veo bastante bien…”. Y luego te miras al espejo y dices: “¿Dónde está la piel de porcelana que tenía hace 5 minutos?”. Bienvenido/a al maravilloso (y a veces cruel) mundo de los filtros, donde cualquiera puede parecer su mejor versión… o alguien completamente distinto. El problema llega cuando ese contraste entre la vida real y la vida filtrada se convierte en una lucha diaria. Y ahí entra en escena algo de lo que cada vez se habla más: la dismorfia corporal. ¿Qué es exactamente la dismorfia corporal? La dismorfia corporal, más conocida como “no me gusta nada de lo que veo en el espejo”, es un trastorno en el que la persona se obsesiona con defectos que muchas veces ni existen, o que son tan pequeños que nadie más se fija. Lo típico: “Mi nariz es enorme” (cuando no lo es), “Mis brazos se ven fatal” (cuando solo tú lo notas), “No puedo subir una foto sin editarla” (lo típico de hoy en día). Antes este trastorno existía igual, pero ahora… Tenemos un extra: las redes sociales, que funcionan como una lupa distorsionada 24/7. Las redes sociales: Ventajas y desventajas No todo es malo, claro: gracias a Instagram o TikTok podemos compartir, aprender, conectar.Pero también podemos compararnos sin descanso con personas que han pasado por un par de filtros, diez poses ensayadas, buena iluminación y, por supuesto, 30 fotos descartadas. Eso no es vida real. Pero el cerebro adolescente e incluso el adulto, no nos engañemos se lo cree. Y empieza a pensar que esa debería ser su apariencia las 24 horas del día. Spoiler: es imposible. Los filtros no son el problema… hasta que lo son Los filtros empezaron siendo divertidos: orejitas de perro, cara de alien, piel brillante estilo “angelito caído del cielo”. Pero ahora existen filtros “naturales” que te cambian totalmente la cara sin que tú lo notes: te afinan la nariz, te levantan los pómulos, te agrandan los ojos, te borran las arrugas, te hacen el mejor glow de tu vida. ¿Resultado? Cuando te ves sin filtro, parece que alguien te ha robado tu versión “bonita”. Ahí es cuando muchas personas empiezan a evitar fotos reales, a compararse con otras caras irreales y a sentir que nunca estarán “a la altura”. Ese malestar sostenido es un terreno fértil para la dismorfia corporal. Cuando el cuerpo se convierte en enemigo La dismorfia no es solo “inseguridad estética”; es un combo mucho más duro: obsesión constante con un defecto, revisarse en espejos o evitar mirarse, buscar cirugías, tratamientos o edición extrema, ansiedad y bajón emocional, aislamiento social. Y por supuesto: una relación tensa con las redes sociales, donde el cuerpo perfecto parece ser el pasaporte para tener amigos, seguidores o validación. Recordarte sin filtros también es quererte Al final del día, ningún filtro puede capturar lo que realmente te hace único. La cámara solo ve una parte, tú eres muchísimo más que eso. La idea no es dejar de usar redes, sino recordarte que tu valor no cabe en un recuadro de Instagram ni se mide por likes. Cuando te mires al espejo, hazlo con la misma suavidad con la que miras a tu mejor amigo: sin juicio, con cariño y con paciencia. Porque la versión más real de ti siempre será la más valiosa. Como siempre un abrazo de 20 segundos para cada lector/a. Equipo de Psicología Clínica de CIPSA Imágenes: Created by Pexels •  Pexels