cuando el fútbol despierta nuestras emociones.

Con la llegada del Mundial de Fútbol 2026, millones de personas vuelven a experimentar una ilusión colectiva difícil de igualar. Las calles se llenan de banderas, las conversaciones giran en torno a los partidos y la esperanza de ver a la selección levantar el trofeo se convierte en un sentimiento compartido. Pero, ¿por qué vivimos el fútbol con tanta intensidad desde el punto de vista psicológico?
La respuesta está en que el deporte, especialmente el fútbol, tiene un enorme componente emocional y social. Cuando apoyamos a nuestra selección, no solo animamos a un equipo: también reforzamos nuestro sentimiento de pertenencia a un grupo. Compartimos una identidad, unos colores y un objetivo común. Esta conexión favorece la liberación de neurotransmisores como la dopamina, relacionada con la motivación y el placer, haciendo que cada victoria se viva como una recompensa emocional.
Durante un Mundial es habitual sentir una auténtica “euforia futbolística“. Anticipamos los partidos con entusiasmo, imaginamos posibles victorias e incluso planificamos reuniones familiares o con amigos para disfrutar juntos de cada encuentro. Estas experiencias fortalecen los vínculos sociales y generan recuerdos positivos que pueden permanecer durante años.
Sin embargo, la intensidad emocional también tiene su otra cara. Cuando las expectativas son muy elevadas, una derrota inesperada puede provocar frustración, enfado o tristeza. Algunas personas experimentan un estado de ánimo bajo durante varias horas o incluso días tras la eliminación de su selección. Esto ocurre porque nuestro cerebro había invertido emocionalmente en ese objetivo y debe adaptarse a una realidad diferente.
Además, el deseo de ganar puede llevarnos a caer en pensamientos poco realistas, como creer que una victoria solucionará problemas personales o que una derrota arruinará completamente nuestro estado de ánimo. En psicología hablamos de la importancia de mantener una perspectiva equilibrada: disfrutar del deporte sin que los resultados determinen nuestro bienestar emocional.
El Mundial también nos recuerda el valor de las emociones compartidas. Celebrar un gol abrazando a otras personas, cantar el himno o comentar las jugadas crea una sensación de unión que beneficia nuestra salud mental. Sentir que formamos parte de algo más grande favorece el apoyo social y reduce la sensación de aislamiento, dos factores protectores para el bienestar psicológico.
Por ello, la clave está en vivir el fútbol como una fuente de disfrute y conexión, sin perder de vista que se trata de un evento deportivo en el que siempre existe incertidumbre. Ganar genera una enorme alegría, pero aprender a gestionar la derrota también forma parte de la experiencia.
El Mundial 2026 será, sin duda, una nueva oportunidad para emocionarnos, compartir momentos inolvidables y recordar que las emociones, tanto las agradables como las desagradables, forman parte de nuestra naturaleza. Disfrutar del camino, celebrar con respeto y aceptar los resultados con equilibrio son, probablemente, las mejores estrategias para vivir esta gran fiesta del deporte desde una perspectiva saludable.
Como siempre, un abrazo de 20 segundos para cada lector/a.
Ángela Carrera Camuesco
Especialista en Psicología Clínica
Directora de CIPSA
Imágenes: Hola News • https://www.holanews.com


