Olas de calor y bienestar emocional:

cómo afectan las altas temperaturas a nuestra salud mental

Hola de nuevo a los lectores habituales y bienvenida a quienes os incorporáis por primera vez. Este post está elaborado por Natalia Bueno Quevedo, del equipo del Área de Psicología Clínica de CIPSA.

Cuando hablamos de una ola de calor solemos pensar en sus efectos físicos: deshidratación, agotamiento o golpes de calor. Sin embargo, las altas temperaturas también pueden influir en nuestro estado de ánimo, nuestra capacidad para concentrarnos y la forma en la que nos relacionamos con los demás. Aunque no siempre somos conscientes de ello, el clima tiene un impacto sobre nuestro bienestar psicológico.

Nuestro cerebro y nuestro cuerpo trabajan conjuntamente para mantener una temperatura adecuada. Cuando el calor es excesivo, este equilibrio requiere un mayor esfuerzo fisiológico, lo que puede traducirse en una sensación constante de fatiga. Dormimos peor, nos cuesta mantener la atención y nos sentimos con menos energía para afrontar las tareas cotidianas. Como consecuencia, es habitual experimentar mayor irritabilidad, impaciencia o dificultad para gestionar el estrés.

Pero el calor no es el único fenómeno meteorológico que puede influir en nuestro bienestar. Los periodos prolongados de lluvia o de escasa luz solar también modifican nuestro estado de ánimo. Permanecer más tiempo en casa, reducir las actividades al aire libre o limitar el contacto social puede favorecer sentimientos de apatía, desmotivación o tristeza, especialmente en personas con mayor vulnerabilidad emocional. No significa que la lluvia provoque problemas psicológicos, pero sí puede actuar como un factor que intensifique emociones ya presentes.

Es importante recordar que cada persona vive estas situaciones de forma diferente. Mientras algunas disfrutan del calor o encuentran en los días lluviosos un momento de calma, otras experimentan un mayor malestar. La edad, las condiciones de salud, el nivel de estrés, la calidad del sueño o la existencia de dificultades psicológicas previas influyen en cómo respondemos a estos cambios ambientales.

¿Qué podemos hacer para proteger nuestro bienestar? Durante una ola de calor es recomendable mantenerse bien hidratado, evitar la exposición al sol en las horas centrales del día, utilizar espacios frescos siempre que sea posible y cuidar especialmente el descanso nocturno. Dormir bien no solo favorece la recuperación física, sino que también mejora la regulación emocional y la capacidad para afrontar las preocupaciones del día a día.

En los periodos de lluvia o de tiempo inestable también es importante mantener una rutina. Continuar realizando actividad física, buscar momentos de luz natural, mantener el contacto con otras personas y dedicar tiempo a actividades agradables puede ayudar a preservar el equilibrio emocional y evitar que el aislamiento o la apatía ganen terreno.

Aunque no podemos controlar el tiempo, sí podemos cuidar la forma en la que respondemos a él. Escuchar las señales de nuestro cuerpo, adaptar nuestras rutinas y priorizar el autocuidado son estrategias sencillas que contribuyen a proteger nuestra salud mental.

Al fin y al cabo, el bienestar psicológico no consiste en evitar las circunstancias externas, sino en desarrollar recursos para adaptarnos a ellas. Igual que nos protegemos del calor con agua, sombra o ropa ligera, también podemos aprender a cuidar nuestra mente cuando las condiciones ambientales ponen a prueba nuestro equilibrio emocional.

Como siempre, un abrazo de 20 segundos para cada lector/a.

Ángela Carrera Camuesco
Especialista en Psicología Clínica
Directora de CIPSA

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