Así lo viven los animales y las personas.

Hola de nuevo para los lectores asiduos y un saludo a los que se estrenan. Hoy os traemos un tema que promete ser el gran acontecimiento del verano: el próximo 12 de agosto, España vivirá un eclipse solar total, algo que no ocurría en la península desde hace más de cien años.
Y, en Santander, con la suerte de tenerlo tan cerca, podremos verlo completo sin necesidad de viajar a ningún sitio.
¿Qué va a pasar ese día?
Un eclipse solar total ocurre cuando la Luna se coloca justo delante del Sol y lo tapa por completo durante unos minutos. Ese día, al atardecer, el cielo se irá oscureciendo poco a poco hasta que, durante algo más de un minuto, se hará de noche en pleno día. Después, la luz volverá poco a poco, como si el atardecer se repitiera dos veces.
Eso sí, para mirarlo hace falta protección especial en los ojos en todo momento, incluso en el instante en que el Sol queda completamente tapado.
¿Cómo lo viven los animales?
Lo curioso es que los animales no entienden de calendarios ni de ciencia: se guían por la luz que reciben. Por eso, cuando el cielo se oscurece de golpe, muchos actúan como si hubiera llegado la noche. Los pájaros suelen callarse y volver a sus nidos, las arañas empiezan a recoger su tela igual que hacen cada tarde, y algunos animales que solo salen de noche, como los murciélagos, se atreven a asomarse pensando que ya ha oscurecido.
En zoológicos donde se ha podido observar con calma, se ha visto que buena parte de los animales cambia de comportamiento en esos minutos: primates que se agrupan y se quedan en silencio, o animales que se dirigen hacia su refugio nocturno para después, al volver la luz, quedarse un rato desorientados. Nada de esto significa que el animal «sepa» lo que ocurre; simplemente su cuerpo interpreta la oscuridad repentina como si el día hubiera terminado.
¿Y a nosotros, nos afecta?
Aquí la cosa cambia. No existen pruebas sólidas de que un eclipse provoque directamente dolores de cabeza, cambios de humor o el resto de los síntomas que a veces se le atribuyen; esa idea es más creencia popular que hecho comprobado.
Lo que sí han encontrado los psicólogos que han estudiado eclipses anteriores es algo distinto y muy interesante: mucha gente, al presenciarlo, siente una mezcla de asombro y pequeñez, como si de repente recordara lo grande que es el universo y lo pequeños que somos nosotros dentro de él. Ese sentimiento, lejos de resultar incómodo, suele venir acompañado de ganas de conectar con quienes tenemos alrededor, de ayudar más a los demás y de sentirnos parte de algo compartido.
Además, según los estudios, ese buen humor no se esfuma enseguida: puede acompañarnos durante todo el día siguiente.
Resumiendo…
Esto es lo que ocurre durante esos minutos de oscuridad:
- Los animales se confunden. Interpretan la caída repentina de luz como si fuera de noche y actúan en consecuencia.
- Baja la temperatura. El aire se enfría unos grados al faltar el sol, lo que también influye en el comportamiento animal.
- Las personas sentimos asombro. Es una emoción real y estudiada, distinta de la ansiedad o la tristeza que a veces se comenta sin fundamento.
- Nos sentimos más unidos. Compartir un momento así con otras personas refuerza la sensación de comunidad.
- El efecto positivo dura. El buen ánimo que deja la experiencia puede notarse incluso al día siguiente.
Al final, un eclipse no deja de ser un pequeño recordatorio de que formamos parte de algo mucho más grande que nuestro día a día, y de que mirar hacia arriba, aunque sea un par de minutos, también puede hacernos bien por dentro.
Como siempre, un abrazo de 20 segundos para cada lector/a.
Jorge Prieto Moreno y Cristina Segovia González
Psicólogos en el Departamento de Psicología Clínica del
Centro Interdisciplinar de Psicología y Salud, CIPSA
Ángela Carrera Camuesco
Especialista en Psicología Clínica
Directora de CIPSA
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