La euforia por querer ganar el Mundial 2026:

cuando el fútbol despierta nuestras emociones. Con la llegada del Mundial de Fútbol 2026, millones de personas vuelven a experimentar una ilusión colectiva difícil de igualar. Las calles se llenan de banderas, las conversaciones giran en torno a los partidos y la esperanza de ver a la selección levantar el trofeo se convierte en un sentimiento compartido. Pero, ¿por qué vivimos el fútbol con tanta intensidad desde el punto de vista psicológico? La respuesta está en que el deporte, especialmente el fútbol, tiene un enorme componente emocional y social. Cuando apoyamos a nuestra selección, no solo animamos a un equipo: también reforzamos nuestro sentimiento de pertenencia a un grupo. Compartimos una identidad, unos colores y un objetivo común. Esta conexión favorece la liberación de neurotransmisores como la dopamina, relacionada con la motivación y el placer, haciendo que cada victoria se viva como una recompensa emocional. Durante un Mundial es habitual sentir una auténtica “euforia futbolística“. Anticipamos los partidos con entusiasmo, imaginamos posibles victorias e incluso planificamos reuniones familiares o con amigos para disfrutar juntos de cada encuentro. Estas experiencias fortalecen los vínculos sociales y generan recuerdos positivos que pueden permanecer durante años. Sin embargo, la intensidad emocional también tiene su otra cara. Cuando las expectativas son muy elevadas, una derrota inesperada puede provocar frustración, enfado o tristeza. Algunas personas experimentan un estado de ánimo bajo durante varias horas o incluso días tras la eliminación de su selección. Esto ocurre porque nuestro cerebro había invertido emocionalmente en ese objetivo y debe adaptarse a una realidad diferente. Además, el deseo de ganar puede llevarnos a caer en pensamientos poco realistas, como creer que una victoria solucionará problemas personales o que una derrota arruinará completamente nuestro estado de ánimo. En psicología hablamos de la importancia de mantener una perspectiva equilibrada: disfrutar del deporte sin que los resultados determinen nuestro bienestar emocional. El Mundial también nos recuerda el valor de las emociones compartidas. Celebrar un gol abrazando a otras personas, cantar el himno o comentar las jugadas crea una sensación de unión que beneficia nuestra salud mental. Sentir que formamos parte de algo más grande favorece el apoyo social y reduce la sensación de aislamiento, dos factores protectores para el bienestar psicológico. Por ello, la clave está en vivir el fútbol como una fuente de disfrute y conexión, sin perder de vista que se trata de un evento deportivo en el que siempre existe incertidumbre. Ganar genera una enorme alegría, pero aprender a gestionar la derrota también forma parte de la experiencia. El Mundial 2026 será, sin duda, una nueva oportunidad para emocionarnos, compartir momentos inolvidables y recordar que las emociones, tanto las agradables como las desagradables, forman parte de nuestra naturaleza. Disfrutar del camino, celebrar con respeto y aceptar los resultados con equilibrio son, probablemente, las mejores estrategias para vivir esta gran fiesta del deporte desde una perspectiva saludable. Como siempre, un abrazo de 20 segundos para cada lector/a. Ángela Carrera CamuescoEspecialista en Psicología ClínicaDirectora de CIPSA Imágenes: Hola News •  https://www.holanews.com

Olas de calor y bienestar emocional:

cómo afectan las altas temperaturas a nuestra salud mental Hola de nuevo a los lectores habituales y bienvenida a quienes os incorporáis por primera vez. Este post está elaborado por Natalia Bueno Quevedo, del equipo del Área de Psicología Clínica de CIPSA. Cuando hablamos de una ola de calor solemos pensar en sus efectos físicos: deshidratación, agotamiento o golpes de calor. Sin embargo, las altas temperaturas también pueden influir en nuestro estado de ánimo, nuestra capacidad para concentrarnos y la forma en la que nos relacionamos con los demás. Aunque no siempre somos conscientes de ello, el clima tiene un impacto sobre nuestro bienestar psicológico. Nuestro cerebro y nuestro cuerpo trabajan conjuntamente para mantener una temperatura adecuada. Cuando el calor es excesivo, este equilibrio requiere un mayor esfuerzo fisiológico, lo que puede traducirse en una sensación constante de fatiga. Dormimos peor, nos cuesta mantener la atención y nos sentimos con menos energía para afrontar las tareas cotidianas. Como consecuencia, es habitual experimentar mayor irritabilidad, impaciencia o dificultad para gestionar el estrés. Pero el calor no es el único fenómeno meteorológico que puede influir en nuestro bienestar. Los periodos prolongados de lluvia o de escasa luz solar también modifican nuestro estado de ánimo. Permanecer más tiempo en casa, reducir las actividades al aire libre o limitar el contacto social puede favorecer sentimientos de apatía, desmotivación o tristeza, especialmente en personas con mayor vulnerabilidad emocional. No significa que la lluvia provoque problemas psicológicos, pero sí puede actuar como un factor que intensifique emociones ya presentes.Es importante recordar que cada persona vive estas situaciones de forma diferente. Mientras algunas disfrutan del calor o encuentran en los días lluviosos un momento de calma, otras experimentan un mayor malestar. La edad, las condiciones de salud, el nivel de estrés, la calidad del sueño o la existencia de dificultades psicológicas previas influyen en cómo respondemos a estos cambios ambientales. ¿Qué podemos hacer para proteger nuestro bienestar? Durante una ola de calor es recomendable mantenerse bien hidratado, evitar la exposición al sol en las horas centrales del día, utilizar espacios frescos siempre que sea posible y cuidar especialmente el descanso nocturno. Dormir bien no solo favorece la recuperación física, sino que también mejora la regulación emocional y la capacidad para afrontar las preocupaciones del día a día. En los periodos de lluvia o de tiempo inestable también es importante mantener una rutina. Continuar realizando actividad física, buscar momentos de luz natural, mantener el contacto con otras personas y dedicar tiempo a actividades agradables puede ayudar a preservar el equilibrio emocional y evitar que el aislamiento o la apatía ganen terreno. Aunque no podemos controlar el tiempo, sí podemos cuidar la forma en la que respondemos a él. Escuchar las señales de nuestro cuerpo, adaptar nuestras rutinas y priorizar el autocuidado son estrategias sencillas que contribuyen a proteger nuestra salud mental. Al fin y al cabo, el bienestar psicológico no consiste en evitar las circunstancias externas, sino en desarrollar recursos para adaptarnos a ellas. Igual que nos protegemos del calor con agua, sombra o ropa ligera, también podemos aprender a cuidar nuestra mente cuando las condiciones ambientales ponen a prueba nuestro equilibrio emocional. Como siempre, un abrazo de 20 segundos para cada lector/a. Ángela Carrera CamuescoEspecialista en Psicología ClínicaDirectora de CIPSA Imágenes: Grupo A3media y Created by Pexels ~ Thanh Lam •  Pexels

La visita del Papa

Hola de nuevo a los lectores habituales y bienvenida a quienes os incorporáis por primera vez. Este post está elaborado por el equipo del Departamento de Psicología Clínica de CIPSA. La reciente visita del Papa a España ha vuelto a situar en el centro del debate una cuestión que trasciende lo estrictamente religioso: ¿por qué tantas personas jóvenes están regresando al catolicismo? ¿Qué encuentran en movimientos como Hakuna, Effetá y otras iniciativas de renovación espiritual que parecen conectar especialmente con nuevas generaciones? Desde la Psicología, este fenómeno resulta especialmente interesante porque aparece en un contexto social marcado por la incertidumbre, la aceleración de los cambios y una creciente sensación de soledad. Durante décadas se asumió que la secularización avanzaría de forma continua y que la religión ocuparía un lugar cada vez más marginal en las sociedades occidentales. Sin embargo, la realidad suele ser más compleja que las predicciones. Muchos jóvenes que participan en estos movimientos no proceden necesariamente de familias especialmente religiosas. Algunos incluso se habían alejado de la práctica católica o nunca habían tenido una vinculación significativa con ella. Entonces, ¿qué les atrae? Una de las claves parece encontrarse en la necesidad humana de pertenencia. El ser humano es un ser social y necesita sentirse parte de algo más grande que sí mismo. En una época donde las relaciones son cada vez más digitales, líquidas y, en ocasiones, superficiales, propuestas como Hakuna o Effetá ofrecen comunidad, vínculos personales estables y espacios de encuentro cara a cara. Otro factor relevante es la búsqueda de sentido. La Psicología lleva décadas estudiando cómo las personas necesitan encontrar un propósito que dé coherencia a sus vidas. Cuando las metas exclusivamente materiales o profesionales no son suficientes para responder a preguntas existenciales profundas, algunas personas exploran caminos espirituales. Para muchos participantes, estos movimientos ofrecen precisamente un marco para reflexionar sobre quiénes son, qué valores desean vivir y qué significado quieren dar a su experiencia vital. También encontramos un elemento emocional importante. Los testimonios de quienes participan en retiros como Effetá suelen incluir experiencias de acogida, escucha, perdón y reconciliación. Independientemente de las creencias concretas de cada persona, sabemos que sentirse aceptado, comprendido y acompañado tiene efectos psicológicos positivos. La sensación de ser visto y valorado por otros constituye una necesidad humana básica. No obstante, sería simplista explicar este fenómeno únicamente desde variables psicológicas. La fe implica una dimensión personal y trascendente que cada individuo interpreta de manera diferente. La Psicología puede ayudar a comprender algunos mecanismos humanos implicados, pero no puede confirmar ni negar las creencias religiosas. Su función es analizar cómo estas experiencias influyen en la conducta, las emociones y las relaciones. Por otro lado, conviene evitar tanto la idealización como el prejuicio. Ni todas las personas encuentran respuestas en la religión, ni quienes se acercan a ella lo hacen por debilidad, necesidad emocional o falta de pensamiento crítico. Del mismo modo, tampoco toda experiencia religiosa resulta necesariamente positiva para todas las personas. Como ocurre con cualquier grupo humano, la experiencia dependerá de múltiples factores personales y contextuales. Quizá una de las enseñanzas más interesantes de este renovado interés por el catolicismo sea recordar que las necesidades humanas fundamentales apenas han cambiado: necesitamos sentido, pertenencia, esperanza, vínculos significativos y espacios donde compartir nuestras preguntas más profundas. Las formas en las que cada persona busca satisfacer esas necesidades pueden ser muy distintas, pero la búsqueda sigue siendo universal. La visita del Papa ha servido para visibilizar una realidad que ya estaba presente: para algunos jóvenes, la fe católica está dejando de percibirse únicamente como una tradición heredada y comienza a ser vivida como una elección personal. Comprender este fenómeno exige ir más allá de estereotipos y observarlo con curiosidad, respeto y rigor. Como siempre un abrazo de 20 segundos para cada lector/a Ángela Carrera CamuescoEspecialista en Psicología ClínicaDirectora de CIPSA

Neurociencia del Estudio

Hola de nuevo a los lectores habituales y bienvenida a quienes os incorporáis por primera vez. Este post está elaborado por Jorge González de Riancho, del equipo del Área de Psicología Clínica de CIPSA. Por qué descansar es el secreto para aprender más y mejor. A menudo asociamos el éxito académico o profesional con las horas que pasamos pegados a los libros o a la pantalla. Existe la falsa creencia de que, cuanto más tiempo seguido estudiemos, más información procesará nuestro cerebro. Sin embargo, la neurociencia demuestra lo contrario. Para consolidar el conocimiento y evitar el agotamiento, el descanso es una parte biológica fundamental del proceso de aprendizaje. 1. La Red Neuronal por Defecto el cerebro trabaja cuando no estamos estudiando. Cuando desconectas y dejas que tu mente divague, tu cerebro no se apaga. Al contrario, activa un conjunto de regiones interconectadas que incluye la corteza frontal medial, la corteza prefrontal medial, la corteza cingulada posterior, el precúneo, el lóbulo parietal inferior y la circunvolución temporal conocido como la Red Neuronal por Defecto (RND). Mientras estudias de forma focalizada, esta red permanece inhibida. Pero en el momento en que retiras la atención de la tarea, la RND entra en acción. Su función principal en el aprendizaje es conectar con el hipocampo para trasladar la información reciente hacia la memoria a largo plazo. En decir, la consolidación de lo que acabas de leer ocurre, precisamente, cuando dejas de mirar los apuntes. 2.  Saturación sináptica: el origen de la fatiga cognitiva Mantener la atención en el estudio genera una actividad eléctrica y química enorme en tus neuronas. Con el paso de las horas, se produce lo que los neurocientíficos denominan ´saturación sináptica´. Tus neuronas ya no dan abasto y aparece la fatiga cognitiva, esa sensación de saturación en la que lees la misma línea tres veces y no logras enterarte de nada. El descanso actúa como un sistema de limpieza que equilibra esta saturación y recarga los recursos del cerebro. 3.  El poder de los efectos de primacía y recencia La memoria humana es selectiva con el orden cronológico. La psicología cognitiva ha demostrado que recordamos con mayor facilidad la primera información que procesamos (efecto de primacía) y la última (efecto de recencia). Lo que queda en el medio tiende a olvidarse más fácil Dividir el estudio en bloques de 40-50 minutos, ademá de ser un tiempo óptimo para poder mantener la atención sin dificultades, permite experimentar más veces los fenómenos de primacía y recencia (maximizando la información que se favorece de estos) en comparación a estudiar en bloques de 2 horas. No todos los descansos son iguales: qué hacer y qué evitar Sabiendo que el descanso es fundamental, la pregunta que debemos hacernos es  ¿cómo debemos descansar? La neurociencia nos da respuestas muy claras sobre qué beneficia y que perjudica tu descanso. El gran error: mirar el móvil en las pausas El gesto automático de coger el teléfono para revisar redes sociales durante un descanso es perjudicial para tu rendimiento. El scroll infinito y los estímulos visuales constantes exigen atención focalizada, lo que impide la activación de la Red Neuronal por Defecto. El cerebro percibe esto como más trabajo, cronificando la saturación cognitiva. Además, muchas aplicaciones están diseñadas para provocar picos artificiales de dopamina. Al regresar a los apuntes (un estímulo mucho menos gratificante a corto plazo), el cerebro experimenta un déficit de dopamina. Esta caída química es responsable de la frustración y la procrastinación previas a la vuelta del estudio. El aliado perfecto: caminar y moverse Al caminar, el movimiento físico eleva el gasto cardíaco de forma moderada, incrementando de inmediato el flujo sanguíneo cerebral. Esto se traduce en un mayor aporte de oxígeno y glucosa al cerebro reponiendo los recursos que habías agotado al estudiar. Dado que caminar de forma relajada no requiere una atención focalizada, permites que la Red Neuronal por Defecto se encienda y haga su trabajo de memorización mientras tú cambias de ambiente.  En conclusión… Estudiar mejor no es cuestión de resistencia, sino de estrategia. Si quieres optimizar tu rendimiento y cuidar tu salud mental, empieza a planificar tus descansos con el mismo rigor que tus horas de estudio. Tu cerebro te lo agradecerá transformando el esfuerzo en conocimiento real y duradero. Nos despedimos, como siempre, recordando la importancia de los pequeños gestos: un abrazo de 20 segundos puede marcar la diferencia. Ángela Carrera CamuescoEspecialista en Psicología ClínicaDirectora de CIPSA Imágenes: Created by Pexels ~ Tima Miroshnichenko •  Pexels

El ascenso del Racing de Santander: emociones colectivas, identidad y salud psicológica en el fútbol

Hola de nuevo a los lectores asiduos y nuevo hola para los que se estrenan. El post está a cargo de los psicólogos del Departamento de Psicología Clínica de CIPSA (Carlos Antolín, Carmen Boluda, Jorge González-Riancho, María Ibáñez, Natalia Bueno y Sara Montero). Desde la psicología, este fenómeno permite comprender cómo los éxitos deportivos pueden influir en el estado emocional colectivo, fortalecer vínculos sociales y favorecer la sensación de unión entre personas muy diferentes entre sí. El fútbol como fenómeno emocional Los equipos de fútbol funcionan como símbolos sociales. Los aficionados no solo apoyan a un club por sus resultados, sino porque se identifican con su historia, sus valores y su territorio. El sentimiento de pertenencia responde a una necesidad humana básica: sentirnos parte de algo compartido. En el caso del Racing, el ascenso significó mucho más que una mejora deportiva. Fue vivido como una recuperación del orgullo colectivo tras años difíciles. El deporte permitió canalizar emociones compartidas y reforzar la conexión entre personas que, aunque distintas en edad, ideología o forma de vida, se sintieron unidas por una misma identidad. Además, el fútbol tiene la capacidad de superar ciertas barreras sociales y de comunicación. En contextos como una celebración deportiva, muchas personas dejan a un lado la vergüenza, las diferencias personales o incluso determinados prejuicios para compartir emociones, conversaciones y experiencias comunes. El sentimiento colectivo facilita la cercanía y la conexión emocional entre desconocidos. Entre las emociones más frecuentes durante el ascenso destacaron: La alegría fue la emoción predominante, ya que muchas personas vivieron el logro como un momento de felicidad colectiva después de años de incertidumbre. A ello se sumó la euforia reflejada en celebraciones masivas, abrazos, cánticos y expresiones espontáneas de entusiasmo. También apareció un fuerte sentimiento de alivio, especialmente entre quienes acumulaban temporadas de frustración y temor a no recuperar el lugar histórico del club. El ascenso devolvió además esperanza e ilusión sobre el futuro del equipo. Desde la psicología emocional, estas respuestas pueden entenderse como emociones colectivas, es decir, sentimientos compartidos por un grupo social ante un acontecimiento significativo. Identidad social y sentimiento de pertenencia La teoría de la identidad social, explica que las personas construyen parte de su autoestima a través de los grupos con los que se identifican. Cuando el grupo obtiene éxito, sus miembros también experimentan una sensación de logro personal. Por ello, el ascenso del Racing no solo afectó al club, sino también a la percepción que muchos aficionados tenían de sí mismos y de su comunidad. Expresiones como “hemos vuelto” o “lo conseguimos” muestran cómo los seguidores integran emocionalmente los logros del equipo dentro de su propia identidad. Este tipo de acontecimientos también fortalecen la cohesión social. Durante las celebraciones, personas de diferentes edades, profesiones, ideologías o clases sociales compartieron emociones y experiencias comunes. El fútbol actuó como un punto de encuentro emocional capaz de generar unión y sentimiento de comunidad. El impacto psicológico de las emociones colectivas Las emociones compartidas tienen efectos importantes sobre el bienestar psicológico. Diversos estudios muestran que la vivencia de acontecimientos deportivos puede asociarse con: En el caso del Racing, muchas personas vivieron el ascenso como una recompensa emocional después de años de sufrimiento deportivo. La memoria de las etapas difíciles intensificó todavía más la felicidad del momento. Además, las celebraciones deportivas generan experiencias compartidas que trascienden incluso a quienes normalmente no siguen el fútbol. El ambiente social y la emoción colectiva hacen que muchas personas se sientan implicadas emocionalmente en estos acontecimientos. No obstante, la psicología también señala que una identificación excesiva con un equipo puede generar frustración, ansiedad o tristeza cuando los resultados son negativos, lo que demuestra la gran influencia emocional que el deporte puede tener en la vida cotidiana. La importancia de la memoria emocional Otro aspecto relevante es la memoria emocional asociada al club. Para muchos aficionados, el Racing forma parte de recuerdos familiares, de la infancia y de experiencias personales importantes. El ascenso no solo celebró un éxito presente, sino también la recuperación de emociones ligadas al pasado. Padres e hijos celebrando juntos, aficionados emocionados en el estadio o personas recordando épocas anteriores del club reflejan cómo el deporte conecta emociones individuales con recuerdos colectivos. Además, estos acontecimientos fortalecen los vínculos intergeneracionales. Muchas familias transmiten la afición como parte de su identidad familiar, convirtiendo al club en un elemento emocional compartido entre distintas generaciones. El ascenso del Racing de Santander demuestra que el fútbol va mucho más allá del deporte, generando unión, identidad y emociones compartidas. Vivido de forma sana, el sentimiento de pertenencia puede convertirse en una importante fuente de apoyo emocional y cohesión social Como siempre un abrazo de 20 segundos para cada lector/a. Ángela Carrera CamuescoEspecialista en Ps. ClínicaDirectora de CIPSA

Así fue el Encuentro con… Ramón Soto Borbolla

Hola de nuevo a los lectores asiduos y nuevo hola para los que se estrenan. El post está a cargo de los psicólogos del Departamento de Psicología Clínica de CIPSA (Carlos Antolín, Carmen Boluda, Jorge González-Riancho, María Ibáñez y Sara Montero).    En esta ocasión, compartimos las principales ideas del encuentro organizado por CIPSA SALUD S.L. dentro del ciclo “Encuentros con”. En esta sesión, contamos con la participación de Ramón Soto Borbolla sobre el cerebro adolescente, entrevistado por Ángela Carrera, en un espacio cercano y enriquecedor celebrado en el Hotel Bahía. Adolescencia: más allá de la etiqueta de “rebeldía” Con frecuencia, los adolescentes son definidos como rebeldes. Sin embargo, esta etapa vital responde a una necesidad profunda de diferenciación: buscan construir su identidad, sentirse únicos y especiales. Cuestionar normas y experimentar no es un problema en sí mismo, sino una parte esencial de su desarrollo. Un cerebro en construcción La impulsividad y la dificultad para percibir riesgos tienen una base neurobiológica. La corteza prefrontal —responsable de la planificación y el control— aún está en desarrollo, mientras que las áreas emocionales del cerebro están altamente activas. Este desequilibrio explica por qué, en muchas ocasiones, la emoción “toma el control” frente a la razón. Emociones intensas que necesitan validación Las experiencias emocionales en esta etapa se viven con gran intensidad. Situaciones que para un adulto pueden parecer menores —como una ruptura o un conflicto con amistades— tienen un gran impacto para el adolescente. Por ello, es fundamental validar sus emociones, acompañar y evitar minimizar lo que sienten. Cambios en el sueño Durante la adolescencia, el ritmo biológico cambia. Los jóvenes tienden a acostarse y levantarse más tarde debido a una regulación distinta del ciclo sueño-vigilia, influida por la melatonina. Esta realidad invita a reflexionar sobre la necesidad de adaptar los horarios escolares a sus ritmos naturales. Tecnología y desarrollo adolescente El uso excesivo de tecnologías, incluido el acceso precoz a contenidos inadecuados para su edad, puede influir negativamente en el desarrollo biológico y emocional. Establecer límites claros y adecuados resulta clave para prevenir dificultades futuras y favorecer un desarrollo saludable. Recomendaciones para familias Permitir el error como parte del aprendizaje: equivocarse es necesario. Acompañar en el proceso, sin recurrir al “te lo dije”, favorece el crecimiento emocional. Priorizar las consecuencias: es importante sustituir los términos premio o castigo por consecuencias. Procurar que experimenten las consecuencias reales de sus actos. Aplicar consecuencias coherentes y naturales: estas deben estar directamente relacionadas con la conducta. Por ejemplo, si no se respetan los horarios del móvil, la consecuencia debe centrarse en su uso, no en aspectos ajenos como salidas o planes sociales. La clave: coherencia en la intervención Durante el encuentro, Ramón Soto destacó una idea fundamental: la eficacia de una intervención educativa no depende de la intensidad de las consecuencias, sino de su coherencia lógica. Para que el aprendizaje sea real, procuraremos que haya un vínculo claro entre la acción y su consecuencia. Las medidas arbitrarias rompen esta conexión y dificultan la comprensión. En cambio, cuando la consecuencia es una extensión natural del comportamiento —si se ensucia, se limpia; si se daña una relación, se repara— se favorece la autorregulación. De este modo, el adolescente no percibe la consecuencia como un ataque personal, sino como una oportunidad de aprendizaje. El encuentro finalizó con una ronda de preguntas en la que tanto Ramón como Ángela pudieron resolver dudas y abordar situaciones reales planteadas por los asistentes. Sin duda, una cita muy esperada que cumplió con creces las expectativas. Nos despedimos, como siempre, recordando la importancia de los pequeños gestos: un abrazo de 20 segundos puede marcar la diferencia. Puedes ver el vídeo completo del Encuentro con Ramón Soto en https://www.youtube.com/@CIPSAONLINE

El duelo migratorio: entender lo que se siente al dejar un país

Hola de nuevo a los lectores asiduos y nuevo hola para los que se estrenan. El post está a cargo de los psicólogos del Departamento de Psicología Clínica de CIPSA (Carlos Antolín, Carmen Boluda, Jorge González-Riancho, María Ibáñez, Natalia Bueno y Sara Montero). Migrar no es sólo cambiar de lugar; es también dejar atrás una parte importante de la vida. Aunque muchas personas se trasladan en busca de mejores oportunidades, este proceso conlleva una experiencia emocional compleja conocida como duelo migratorio. ¿Qué es el duelo migratorio? El duelo migratorio es el proceso psicológico y emocional que atraviesa una persona al abandonar su país de origen. Supone adaptarse a una nueva cultura, entorno y estilo de vida, mientras se experimenta la pérdida de elementos significativos de la vida anterior. A diferencia de otros duelos (como la pérdida de un ser querido), este no implica una desaparición definitiva, sino una separación parcial y múltiple. Según investigaciones, este proceso abarca múltiples pérdidas simultáneas, como: La familia y amigos. La lengua materna. La cultura y costumbres. El lugar de origen. El estatus social. El sentido de pertenencia. La seguridad o estabilidad previa. Por ello, se considera un proceso de adaptación emocional y psicológica, que evoluciona con el tiempo. ¿Cuánto dura el duelo migratorio? No existe una duración exacta para el duelo migratorio. Su duración depende de múltiples factores, como: La edad de la persona. Las razones para migrar (voluntarias o forzadas). El nivel de apoyo social. La facilidad de adaptación al nuevo entorno. La situación emocional previa En algunos casos, puede durar meses, mientras que en otros puede extenderse durante años. Incluso hay aspectos del duelo que pueden reaparecer en momentos concretos, como fechas importantes o visitas al país de origen. Es importante entender que no es un proceso lineal: hay avances, retrocesos y momentos de mayor o menor intensidad. Fases del duelo migratorio Aunque cada persona lo vive de manera diferente, se suelen identificar varias fases: 1. Fase de entusiasmo o “luna de miel”. Al inicio, predomina la ilusión por el cambio, las nuevas oportunidades y la experiencia de descubrir un entorno diferente. 2. Fase de choque cultural. Aparecen las primeras dificultades: diferencias culturales, idioma, normas sociales o sensación de no encajar. Puede surgir frustración o desorientación. 3. Fase de tristeza o duelo. Se toma mayor conciencia de lo que se ha dejado atrás. Es frecuente sentir nostalgia, soledad o añoranza. 4. Fase de adaptación. La persona comienza a desarrollar estrategias para integrarse: crea nuevas relaciones, se familiariza con el entorno y gana autonomía. 5. Fase de integración. Se logra un equilibrio entre la cultura de origen y la nueva. La persona ya no siente que debe elegir entre ambas, sino que integra elementos de las dos. ¿Cómo se manifiesta el duelo migratorio? El duelo migratorio puede expresarse de diferentes maneras, tanto a nivel emocional como físico y social. En algunos casos, si el proceso se vuelve muy intenso o prolongado, puede derivar en problemas más serios como estrés, ansiedad o depresión. En estos casos podría ser recomendable una ayuda especializada. Como siempre un abrazo de 20 segundos para cada lector/a. Ángela Carrera CamuescoEspecialista en Ps. ClínicaDirectora de CIPSA Imágenes: Created by Pexels •  Pexels