~ Procrastinación  II parte ~

Hola de nuevo a los lectores asiduos y nuevo hola para los que se estrenan. Ya hemos hablado del problema que supone el hábito de posponer. Esto le pasa al menos al 24 % de la población. Ahora daremos algunas pistas para resolverlo y/o mejorarlo. Un punto de partida importante es darse cuenta de qué nos decimos a nosotros mismos para posponer casi constantemente. Lo siguiente es reconocer que la gran mayoría de esas frases son muy…, pero que muuuuy probablemente  irracionales; es decir que son algo que creo, que a mí me parece,… pero que no tienen base real para defenderlo.  Y lo tercero es que vamos a empezar AHORA, no sea que empecemos a postergar la solución a nuestra postergación,… que podría ocurrir.

Empezar ahora

Hay personas que erróneamente piensan que han de esperar a que les venga la inspiración antes de ponerse a resolver un problema que han estado posponiendo. Esta actitud de espera, de dejarlo todo para mañana casi nunca funciona. Esperar los momentos de inspiración es tan ineficaz como los propósitos de año nuevo.

Resolver un problema requiere mantener el esfuerzo. La inspiración inicial sirve sólo para empezar pero no para continuar resolviendo el problema. Se necesita un 10% de inspiración y un 90% de “transpiración”. Además la inspiración puede tardar en llegar si es que lo hace alguna vez. Por eso es mejor empezar la tarea sin estar inspirado. Es más probable que la inspiración llegue mientras se hace algo, que sin hacerlo. En el caso de que no llegara,  el trabajo ya estaría hecho y habría una cosa menos de la que preocuparse. Algunas investigaciones concluyen que empezar una actividad crea un a ansiedad psíquica que acaba cuando se acaba la actividad.  Los procrastinadores retrasan las actividades para no tener esa ansiedad. Sigamos esta regla: “solo unos minutos”, empecemos y hagamos la tarea solo unos minutos. Se crea  una especie de necesidad de seguir con ella y terminarla

Busca las Frases que te dices a sí mismo/a (pensamientos)

Ansiedad, depresión, rabia e impotencia son señales de que algo va mal. Este algo es  conjunto de creencias irracionales. Podemos aprender a identificar las afirmaciones negativas preguntándonos: ”cuando estoy deprimido o ansioso…  ¿qué pienso sobre mí mismo o sobre la situación o sobre las personas?” Después podremos  empezar a combatir las  ideas creadoras de depresión, desesperanza y autocompasión. Se puede hacer lo mismo con cualquier pensamiento generador de malestar, por ejemplo los que producen desprecio hacia uno mismo y/o hacia los demás, así como los generadores de intolerancia y frustración.

Vamos a reflexionar sobre  por qué es demasiado duro realizar actividades que a la larga son beneficiosas. Será bueno aceptaar el hecho de que su hada madrina se ha marchado a la Antártida y si quiere conseguir algo en la vida sólo cuenta con sus propios recursos para hacerlo. Si piensa dejar de jugar con su vida, es mejor que deje de actuar como un niño cuando las cosas no les son fáciles y empiece a esforzarse para mejorarlas. Identifique sus metas y desarrolle un plan de acción que sea viable.

Comprométase a alcanzar una meta realista cada semana. (En terapia haga que su cliente establezca metas o revise sus progresos cada sesión).

Autoreforzamiento

Si nos resulta difícil sobreponernos a nuestra tendencia a malgastar el tiempo, es positivo hacer un sistema de premios y castigos. El sistema de recompensas es uno en el que identificamos una meta agradable, como puede ser ir de viaje una semana de vacaciones; si la meta que estamos posponiendo es una dieta de adelgazamiento, entonces podremos ir de vacaciones cuando perdamos X kg. Este tipo de esfuerzo reduce la urgencia de conseguir algo en un tiempo determinado.  Se obtiene la recompensa positiva cuando se alcanza la meta. Un sistema de castigos también pude ser útil. Si no hemos puesto en marcha los pasos necesarios para conseguir la meta entonces al final de la semana tendremos que hacer algo  desagradable, como por ejemplo  mandar dinero a una asociación  que no nos gusta. Este procedimiento es especialmente efectivo cuando el castigo es mucho más desagradable que la actividad que se está posponiendo.

Escribir Recordatorios

El uso de recordatorios escritos puede ser una buena ayuda para no  olvidarnos de trabajar en el problema que  posponemos. Por ejemplo: ”Haciéndolo es como acaba hecho”, ” Voy a  hacer las cosas paso a paso.” Escribe tarjetas con estas frases y ponlas  donde puedas verlas.

A veces una marca en el dedo o cambiar de mano el reloj o un anillo, también puede servir a este propósito, ya que sirve de recordatorio para empezar a actuar.

Como siempre, un abrazo de 20 segundos para cada lector/a


Angela Carrera Camuesco
Psicóloga Especialista en Psicología Clínica
Directora de CIPSA
~ Centro Interdisciplinar de Psicología y Salud ~

 Imágen: Created by Freepik

 

 

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